martes, 4 de noviembre de 2025

Memoria

 En más de una ocasión, se escuchó la expresión "ejercitar la memoria" como una suerte de gimnasia de la mente. Neurocientíficos recomendando actividades y metodologías para fortalecer esa parte de nuestro cerebro que guarda nuestro número de DNI, de teléfono, la dirección del trabajo y el gusto que tenía el flan casero de la abuela. Siguiendo este criterio podría comprenderse la memoria como un músculo (y uno bastante particular) el cual requiere una cierta ejercitación para no perder vigor. Más allá de dilucidar los ejercicios que funcionan y los que no, o las metodologías y secuencias nemotécnicas o hasta los medicamentos naturales y sintéticos que estimulan nuestra memoria; es indispensable comprender cómo es que la memoria funciona y siquiera de dónde proviene el término. 

   Por ejemplo la raíz latina memor hace alusión a "quien recuerda"; del mismo modo estamos en la necesidad de recalcar el origen de la palabra recuerdo. El prefijo re alude "repetición" y cordis "corazón". Parafraseando, el recuerdo consiste en lo que vuelve a pasar por el corazón. Sin duda mantener ejercitada a la memoria consiste en hacer que ciertos recuerdos vuelvan a pasar por el corazón. Una metodología muy utilizada es el repetir continuamente una frase que no debemos olvidar, como la lista de la mercadería cuando nos mandaban a comprar almacén y por ahí un poco más adelante en la vida esa lista de preposiciones para analizar sintácticamente una oración. Posteriormente los pronombres yo - tú - él y las estructuras morfosintácticas que los conectan (cabe aclarar que en la zona del Río de la Plata el fue reemplazado por el vos)

   Aparece también la idea de una memoria colectiva y ya este músculo pasa a ser un sistema de órganos vivos interactuando entre sí el yo y el vos tan cerca pero a la vez unidos por una cadena de sentidos y recuerdos tan distantes o hasta inexactos. Para el pueblo latinoamericano la palabra memoria no es un término inocente ni mucho menos una palabra que pase desapercibida para la historia. Dicha historia se encuentra está atravesada por este término. Sin caer en discusiones (por demás acabadas) en cuanto a qué sucedió y qué no, o incluso llegar a decir que cierta cifra no es real, o hablar de "memoria completa"; resulta totalmente imprescindible volver a realizar una práctica de la memoria e interpelar no solo a los actores, no solo a quienes intervinieron, no solo a quienes hasta sobrevivieron a procesos en los que la memoria fue comprometida y hasta se ha tratado de borrar y destruir. Es necesario utilizar ese corazón para volver a pasar recuerdos de memoria colectiva, para que precisamente esa memoria no pierda vigor se encuentre bien ejercitada. Para recordarnos en ciertos momentos en los que los sucesos pertenecen ser manchados difamados o hasta negados, tener presente quiénes somos y de dónde venimos porque los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla y un pueblo que repite su historia es uno que difícilmente llegue a ser soberano.

martes, 14 de octubre de 2025

"Susurros"


Sorbos soleados de soledad.

Saber que sólo sabemos

salir en súbito sacudón

por sobre salinas solemnes;

sin sobreponerse al sufrimiento,

sopesando sinsabores desde sarcasmos.


Sorprenderse al ser consciente que el suplicio

sólo se supera... subiendo.

"La muerte de la poesía"

¿Y si la poesía muere?

¿De a poco y apenas?

¿O a penas o penurias?

Si la lees, le es indistinto.

Porque ella vive muriendo

y al renacer jamás morirá.

"La muerte anda con tambor"

 

La muerte anda con tambor por las montañas

remando con ritmo invariable

entre piedras y araucarias.

Con pies de arcilla, infinitamente deambula.

En su caminar tan antiguo como atroz

nada se pronuncia.

Aquí el silencio no hace daño,

y al nombrarla por vez primera,

se hace carne ventricular. Sacrifico mi cara.

Me reconozco sin ser;

Y lo precario me es suficiente.

 


viernes, 3 de octubre de 2025

"Tiempo de cosecha"

"Los trabajadores que migran de su lugar de origen a otro para realizar labores rurales son comúnmente denominados trabajadores golondrinas, se hace referencia así, a quienes a quienes cumplen una estadía dura una determinada temporada del año para realizar tareas."

Gustavo Daniel Lobo

     

   El día llegaba a su fin y con él la temporada. Rubén y su hermano Jacinto no veían la hora de recibir el pago y poder volver con su madre, quien seguro los esperaba ansiosa. “Se me cuidan mijitos y que la virgencita me los proteja siempre” fueron las últimas palabras que escucharon de ella antes de que rumbearan el camino tras las sierras hacia ya tres meses. La temporada de hortalizas no era cruel pero, al final de cada jornada las manos comenzaban a entumecerse y las rodillas ya pedían un alto. Este era el primer año que Jacinto cubría el calendario completo. Sin embargo, Rubén lo cubría desde hacía ya cinco años cuando dejó el cuarto año por pedido de su madre. El padre de ambos (por lo menos de Jacinto) fue víctima del accidente en las minas junto con once compañeros más. “Yo lo lamento en el alma, Rubén, pero me vas a tener que ayudar para pagar el alquiler”. El muchachito no lo dudó un segundo y fue a solicitar empleo en las quintas del señor Estévez. Aun así, se lamentaba por no habérsele declarado a la Irupé, su compañera de banco en la escuela n°13 del barrio El zapallar. De vez en cuando, el aroma floral de las madrugadas le hurgaba la memoria e invocaba el recuerdo del perfume de su cabello negro trenzado a un costado de su cabeza. Cuando jugaban a las adivinanzas en el recreo; o cuando lo ayudaba en sus cálculos de matemáticas. El pobre siempre fue pésimo con los números. Nunca pudo resolver por sí solo cuántos caramelos podía comprarse Pedrito si tenía dos quintos de 200 pesos y si le sobraban dos medios para un alfajor. Rubén no sabía cómo era un kiosco ni que sabor tenían los alfajores que se vendían en la capital a los que se referían los manuales de la escuela (y posiblemente nunca lo sepa). Le resultaba gracioso pensar que de las remolachas de esta quinta y las manzanas de la anterior podrían salir las jaleas que rellenan eso alfajores que otro Pedrito citadino va a comprar en unos meses en algún kiosco alejado entre los edificios de la gran capital.

   El sol en el horizonte anunciaba el final de la jornada. El capataz, al grito de “¡La paga, golondrinas!”, les hizo saber a los hermanos que la labor había concluido. Bebieron unos tragos de la taza de cocido que les ofrecieron, se lavaron apenas el rostro y las manos cubiertas de tierra y treparon a una de las silobolsas para contemplar el ocaso. Los invadía una sensación de alivio y alegría por una temporada finalizada. Casi por un instante, sintieron que rozaban la cima del mundo y ambos esbozaban una tímida sonrisa de satisfacción. Cuando los últimos rayos crepusculares doraban la tierra supieron que había llegado la hora. Sus brazos cansados se volvieron alas, sus bocas resecas un pequeño pico; al momento de emprender el vuelo, dejaron ver unas plumas azuladas al final de sus cuerpos con dos puntas agudas hacia ambos lados. En un elegante y frenético aleteo, ambos rumbearon nuevamente hacia zonas más cálidas. Tal vez lo brazos de una madre que aguardaba su regreso con mucha esperanza.

"Zeus" - (un cuento mágico o con magia)